Rubia, un poco delgada -no mucho- las mejillas arrebatadas en un rojo vivo de camelia, la alegría de Blanca era el encanto de la casa. Sus carcajadas, que habían conservado de la niñez ese ligero timbre de cristal que tiene la voz de las muñecas, eran siempre inopinadas; la madre hacía severas señas y el padre perdonaba sonriendo. Quince años. De niña había sido enferma. Sólo Dios sabe lo que habían sufrido los padres, los pobres padres que velaron cuarenta noches seguidas, con los ojos rojizos. Una enfermedad caprichosa para la cual el mismo médico era torpe en su diagnóstico.Y así transcurrieron los cuarenta días de martirio, con inefables esperanzas a veces, agravamientos súbitos en otras horas, como aquellos del infausto 12 de septiembre, cuando Blanca hubo de morir. Pero salvó, y ya crecida no se presentaron las perturbaciones que temía el médico.Es así como Blanca llenaba toda la casa con…
El casero-La visita que le hicieron sus inquilinos a Don Elías, el comprador de chatarra, huesos y trapos viejos, fue como la que le hicieron los animales al gato montés cuando se descaderó...-¿Y cómo fue?-Cuando estuvieron seguros que el gato no podía, moverse fueron a visitarlo. . . ¡Hasta la paloma que nunca pudo ver volar un hijo por culpa de él!...Alvarez, -el propio narrador, que le debía al enfermo nada menos que tres meses de alquiler, encabezó el grupo.-Venimos a ofrecernos... Estamos a la orden...-Don Elías estaba en la cama -puro armazón y poca ropa- con la boca torcida y medio cuerpo inmóvil. Lo tendió "un bruto ataque".-Lo agarró almorzando, porque el hombre era tacaño que, daba asco pero comía que daba miedo.El pobre tras el ofrecimiento de Alvarez hace un esfuerzo para mover la boca. Quiere contestar. Pero no puede.-Uno se va a quedar con usted -dice Alvarez;…
El Gato"Yo te voy a curar, patrón, porque no estoy bautizada" —era la frase más suya (y más notoria y esperada) de la negra Asunción, la curandera (benzedora, principalmente) de aquel caserío muy pequeño y perdido y del que pocos guardan memoria. Cuando su predicción se cumplía, la negra no aceptaba paga ni regalo alguno; simplemente, impartía o recordaba una orden que nadie dejaba de acatar: el convaleciente debía ir, a pie, al pueblo vecino y oír misa y comulgar. Cuando —raras veces— su cencía fallaba y el enfermo moría, la negra se encerraba en su rancho y no reaparecía hasta muchas horas después del entierro. De la chimenea del rancho —un boquete central en el techo de totora— emergía en esas ocasiones una pesada, oscura columna de humo. El olor acre y singular de ese humo noticiaba a los habitantes de los campos vecinos, a los cazadores de bichos,…
Como aquella luna había puesto todo igual, igual que de día, ya desde el medio del Paso, con el agua al estribo, lo vio Rodríguez hecho estatua entre los sauces de la barranca opuesta. Sin dejar de avanzar, bajo el poncho la mano en la pistola por cualquier evento, él le fue observando la negra cabalgadura, el respectivo poncho más que colorado. Al pisar tierra firme e iniciar el trote, el otro, que desplegó una sonrisa, taloneó, se puso también en movimiento.., y se le apareó. Desmirriado era el desconocido y muy, muy alto. La barba aguda, renegrida. A los costados de la cara, retorcidos esmeradísimamente, largos mostachos le sobresalían.A Rodríguez le chocó aquel no darse cuenta el hombre de que, con lo flaco que estaba y lo entecado del semblante, tamaña atención a los bigotes no le sentaba.-¿Va para aquellos lados, mozo? - le llegó con melosidad.Con el agregado…
Era después del desastre del Catalán, más de setenta años hace.Un tenue resplandor en el horizonte quedaba apenas de la luz del día.La marcha había sido dura, sin descanso.Por las narices de los caballos sudorosos escapaban haces de vapores, y se hundían y dilataban alternativamente sus ijares como si fuera poco todo el aire para calmar el ansia de los pulmones.Algunos de estos generosos brutos presentaban heridas anchas en los cuellos y pechos, que eran desgarraduras hechas por la lanza o el sable.En los colgajos de piel había salpicado el lodo de los arroyos y pantanos, estancando la sangre.Parecían jamelgos de lidia, embestidos y maltratados por los toros. Dos o tres cargaban con un hombre a grupas, además de los jinetes, enseñando en los cuartos uno que otro surco rojizo, especie de líneas trazadas por un látigo de acero, que eran huellas recientes de las balas recibidas en la fuga.Otros…
Misiones, como toda región de frontera, es rica en tipos pintorescos. Suelen serloextraordinariamente aquellos que, a semejanza de las bolas de billar, han nacidocon efecto. Tocan normalmente banda, y emprenden los rumbos más inesperados.Así Juan Brown, que habiendo ido por sólo unas horas a mirar las ruinas, se quedó25 años allá; el doctor Else, a quien la destilación de naranjas llevó a confundir a suhija con una rata; el químico Rivet, que se extinguió como una lámpara, demasiadorepleto de alcohol carburado; y tantos otros que, gracias al efecto, reaccionaron delmodo más imprevisto. En los tiempos heroicos del obraje y la yerba mate, el AltoParaná sirvió de campo de acción a algunos tipos riquísimos de color, dos o tres delos cuales alcanzamos a conocer nosotros, treinta años después.Figura a la cabeza de aquéllos un bandolero de un desenfado tan grande encuestión de vidas humanas, que probaba sus winchesters sobre el primertranseúnte.…
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